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Altas temperaturas en las aulas: Impacto en el rendimiento escolar infantil y medidas urgentes solicitadas por pediatras

06/05 2026

Las altas temperaturas que se han registrado recientemente, más típicas de la temporada estival y superando los 35 grados en varias localidades, están generando un impacto significativo en los estudiantes dentro de las instituciones educativas, cuyas infraestructuras no están adaptadas para estas condiciones. Los especialistas en pediatría han solicitado la implementación de sistemas de climatización y han alertado que el calor extremo conduce a la fatiga y a una disminución del desempeño físico y cognitivo.

En diversas urbes, el personal docente ha optado por impartir clases al aire libre debido a la dificultad de permanecer en las aulas. Por este motivo, el Comité de Salud Ambiental (CSM) de la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha instado a establecer sistemas de acondicionamiento en escuelas y colegios cuando las temperaturas superen los 26-27 °C. Esta medida busca resguardar la salud de niños y adolescentes, quienes son más susceptibles al calor que los adultos, ya que su sistema termorregulador aún está en desarrollo.

Los expertos señalan que múltiples investigaciones han revelado cómo el calor y las temperaturas elevadas en los espacios de aprendizaje perjudican la concentración, la atención y la memoria, además de aumentar la somnolencia, el cansancio y la irritabilidad. Adicionalmente, los menores dependen en gran medida de los adultos para su hidratación, el reconocimiento de riesgos y la protección adecuada. El Dr. Juan Antonio Ortega, coordinador del CSM-AEP, explicó que estas repercusiones comienzan a manifestarse a partir de los 26 o 27 grados. Sin embargo, cuando las aulas superan los 29/30 grados, algunos estudiantes pueden experimentar desmayos, golpes de calor y estados de letargo. El pediatra enfatiza que el calor en los recintos escolares y patios no es solo una cuestión de comodidad, sino un asunto de salud pública infantil que no puede ser subestimado como un problema menor al finalizar el curso.

Los médicos de la AEP resaltan la importancia de la calidad del aire en los interiores, donde la temperatura y la ventilación son componentes esenciales. Los niveles de dióxido de carbono que exceden las 1.400 ppm (partículas por millón) se relacionan con una reducción del 10 % en la memoria visual. Es especialmente preocupante la influencia del calor extremo, ya que en aulas sin una adecuada climatización, la probabilidad de fracaso académico aumenta en un 12.3 %, según la AEP. No debemos esperar a una ola de calor extrema; es crucial actuar de inmediato. En Murcia, por ejemplo, se han reportado numerosos casos de desmayos y lipotimias.

La temperatura ideal para el estudio y para evitar problemas de concentración se sitúa entre los 26 y 27 grados. Si estos valores se superan, es fundamental adoptar las medidas necesarias para proteger a los estudiantes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo recomiendan una temperatura óptima en las aulas entre los 20 y los 24 grados.

El CSM-AEP subraya que muchas escuelas en España fueron concebidas bajo condiciones climáticas diferentes a las actuales, lo que las hace estructuralmente limitadas para enfrentar el calor. Patios excesivamente pavimentados, falta de sombra, ventilación deficiente o edificaciones con aislamiento térmico insuficiente convierten algunos centros en lugares particularmente vulnerables durante los meses más calurosos. El Dr. Ortega afirma que las escuelas deben funcionar como refugios climáticos y entornos protectores para la niñez. La adaptación climática de las instalaciones educativas no es un mero asunto de confort o un lujo arquitectónico, sino una inversión crucial en la salud infantil, el progreso educativo y la igualdad.

La Asociación Española de Pediatría propone que la solución radica en la adecuación climática de las escuelas, un enfoque que integra soluciones arquitectónicas, ambientales y organizativas. Las acciones prioritarias incluyen mejorar la ventilación natural y cruzada, monitorear la temperatura, la humedad y la calidad del aire, crear áreas sombreadas y ajardinadas en los patios, integrar soluciones basadas en la naturaleza, emplear infraestructuras y sistemas energéticamente eficientes, asegurar el acceso a agua potable y fomentar hábitos de hidratación frecuente, además de reorganizar algunas actividades físicas o al aire libre. Los pediatras enfatizan que estas medidas deben aplicarse de manera continua para optimizar la calidad del aire en las aulas, no solo durante las olas de calor.

UNICEF España también ha llamado la atención sobre esta importante problemática, sugiriendo medidas como establecer un sistema de análisis de riesgos que considere las necesidades de los niños y adolescentes, y aprobar un protocolo estatal específico para la atención de esta población en situaciones de emergencia. El Dr. Juan Antonio Ortega aboga por la implementación de una ley general de salud ambiental escolar para regular los entornos educativos y asegurar un diagnóstico adecuado de la salud ambiental. Finalmente, el coordinador de la AEP-CSM concluye que se debería destinar una mayor inversión a la educación, ya que actualmente las comunidades autónomas invierten aproximadamente un 20 %. Una mayor inversión en educación resultaría en una población más saludable y mejor formada.