En el complejo mundo de las dinámicas familiares, no es inusual que los niños y adolescentes, en algún momento de su crecimiento, desarrollen una predilección por uno de sus progenitores. Este fenómeno, a menudo interpretado erróneamente como un rechazo, es, según los especialistas, una fase común en el desarrollo emocional infantil y juvenil. Lejos de ser una señal de alarma, puede indicar una búsqueda saludable de autonomía y la exploración de sus propias necesidades y preferencias, aunque para el padre que se siente menos elegido, la situación pueda generar ansiedad o tristeza.
La psicóloga y especialista en crianza consciente, conocida en redes como @mamacontacones, subraya que es completamente normal que los niños muestren mayor afinidad por uno de sus padres en diferentes etapas de su vida. Esta inclinación, que puede fluctuar con el tiempo y la evolución del menor, no debería ser una fuente de preocupación. Al contrario, demuestra que el niño se siente lo suficientemente seguro y amado por ambos para expresar libremente sus deseos y con quién prefiere interactuar en cada momento. Al tomar estas decisiones, el niño ejercita su capacidad de elección, reafirma sus gustos y fortalece su individualidad. No obstante, el impacto emocional en el progenitor que percibe esta distancia es real y necesita ser abordado con sensibilidad.
Desde una perspectiva complementaria, la psicóloga @lucia.psico.abuso ofrece una visión crucial: la preferencia de un hijo no implica una disminución del afecto hacia el otro padre. A menudo, esta elección es una estrategia inconsciente para navegar entornos familiares donde hay presión emocional o control. Los niños, en su búsqueda de estabilidad, pueden acercarse al adulto que perciben como más indulgente o predecible, no por un amor superior, sino para evitar conflictos, castigos o situaciones incómodas. En estos casos, la "preferencia" es un mecanismo de adaptación para minimizar el malestar, no una negación del amor parental. La experta enfatiza que el cariño filial es resiliente, aunque la expresión de ese afecto pueda verse moldeada por las dinámicas relacionales.
Los expertos coinciden en que la clave reside en una introspección sobre cómo se construye el lazo emocional con el niño. Ambos padres deben evaluar si el pequeño se siente verdaderamente escuchado, respetado y comprendido. Dedicar tiempo de calidad y crear momentos únicos y significativos juntos es esencial. El progenitor que siente la preferencia del hijo por el otro puede beneficiarse enormemente de establecer rutinas especiales, como la lectura antes de dormir, desayunos compartidos o actividades lúdicas conjuntas. Estas experiencias predecibles no solo aportan seguridad emocional al niño, sino que también refuerzan el vínculo con el padre.
Es fundamental validar las emociones del niño y evitar cualquier sentimiento de culpa por sus preferencias. El padre menos elegido debe recordar al hijo que su amor es incondicional, independientemente de sus elecciones temporales. Al mismo tiempo, es crucial mantener la coherencia en la educación, sin ceder a la tentación de complacer al niño a toda costa o recurrir al chantaje emocional, recompensas o amenazas para recuperar su atención. La profesional insiste en que los niños actúan movidos por sus necesidades emocionales y su búsqueda de seguridad, no con la intención de herir. Aunque este periodo pueda ser desafiante, una presencia constante, respetuosa y afectuosa es el pilar para superar esta etapa y consolidar una relación parental sana y equilibrada.