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Cómo Afrontar el Favoritismo Parental en la Crianza Familiar

05/15 2026

En el ámbito familiar, es común que, sin intención, los padres puedan desarrollar una predilección por uno de sus hijos. Esta inclinación puede deberse a similitudes en la forma de ser, una mayor docilidad, o simplemente una conexión más profunda. Aunque esta preferencia no implica una falta de amor hacia los demás, sí puede generar un desajuste notorio que impacta negativamente en el resto de los hijos y en la dinámica familiar. Reconocer y manejar esta situación es crucial para mantener un ambiente de armonía y equidad en el hogar.

La psicóloga clínica Pascale Anacreon señala que esta inclinación suele estar vinculada a factores como el género, el orden de nacimiento o ciertos atributos personales de los niños. Estos aspectos pueden tener repercusiones significativas a nivel emocional, psicológico y en la estructura familiar. Un estudio de la Asociación Americana de Psicología respalda esta afirmación, indicando que los padres tienden a mostrar más atención hacia las hijas y hacia aquellos hijos que demuestran ser más cooperativos o complacientes.

Esta preferencia puede manifestarse de formas muy sutiles, a menudo sin que los propios padres lo perciban completamente. Una de las señales más habituales es la tendencia a favorecer al hijo mayor o al más pequeño en pequeños detalles cotidianos. También puede ocurrir que un hijo se convierta, de forma inconsciente, en un referente, utilizando sus logros o comportamientos como medida constante para comparar a los demás hermanos. Otra manifestación es cuando los padres reaccionan de manera diferente según el hijo, mostrando más flexibilidad con uno o siendo más estrictos con otro. Además, esta inclinación puede estar relacionada con las aptitudes o talentos de cada hijo, otorgando mayor reconocimiento a quienes destacan en ámbitos académicos, deportivos o sociales, o incluso a aquellos que parecen requerir más apoyo emocional.

Este tipo de dinámica puede impactar profundamente la relación fraternal, la cual se fundamenta en la colaboración, la confianza y el respeto mutuo. Cuando un hijo percibe un trato diferenciado, pueden surgir emociones como la rivalidad, la inseguridad o el rencor. Si estos sentimientos persisten en el tiempo, pueden erosionar la convivencia familiar y prolongarse incluso hasta la adultez, afectando los vínculos y propiciando relaciones conflictivas a largo plazo.

Para abordar esta situación, es fundamental hacer consciente la percepción de desigualdad sin generar acusaciones, permitiendo así que los padres reconozcan la realidad. Es crucial identificar los patrones emocionales recurrentes y observar qué comentarios y actitudes se repiten. Asimismo, es importante evitar las comparaciones y respetar la singularidad de cada hijo, reconociendo sus necesidades individuales. Validar las emociones del hijo que se siente menos valorado es esencial, así como fomentar una comunicación abierta para lograr cambios duraderos. En casos complejos, buscar la orientación de un profesional puede ser una herramienta eficaz para avanzar de manera constructiva y fortalecer los lazos familiares.