El denominado "modo alarma" es un estado fisiológico que mantiene al cuerpo en alerta constante. Bibiana Badenes, fisioterapeuta y autora de "Postura y emociones", explica que esto implica una activación ininterrumpida del sistema nervioso simpático, responsable de preparar al organismo para la acción, mientras disminuye la regulación parasimpática. Esta condición, sostenida en el tiempo, puede generar un desgaste significativo.
Antes de manifestarse mentalmente, el cuerpo ya emite avisos. Una respiración superficial, mandíbulas apretadas o una sensación de urgencia sin motivo aparente son indicadores comunes. La rigidez en el cuello o la zona lumbar, así como una fatiga persistente que el descanso no alivia, también son signos. Según la experta, no se trata solo de estrés, sino de una organización corporal específica.
La clave no radica en la ausencia de ejercicio, sino en la manera de realizarlo. Muchas personas utilizan la actividad física para liberar tensiones, pero lo hacen desde el mismo estado de alarma: con tensión, autoexigencia y una respiración contenida. Esto significa que, en lugar de relajarse, entrenan el estrés con más estrés. Aunque externamente pueda parecer una práctica saludable, el sistema nervioso permanece en alerta.
Contrario a la creencia popular de que "cuanto más, mejor", el ejercicio de alta intensidad puede exacerbar el estrés. Naturalmente, activa el sistema simpático, lo cual es beneficioso en un cuerpo equilibrado que puede recuperarse. Sin embargo, si el organismo ya está sobrecargado, el efecto puede ser el opuesto: mayor rigidez, un descanso deficiente y una sensación de estrés persistente. Badenes enfatiza la importancia de dosificar la intensidad y asegurar que el cuerpo aprenda también a relajarse.
Más allá del ejercicio, la fisioterapeuta propone un enfoque basado en la "práctica". Una de las técnicas más efectivas es conectar la respiración con movimientos lentos y conscientes. Esto implica un cambio en la calidad del movimiento, transformándolo en una herramienta para el bienestar.
Olvidándonos del simple paseo o de la caminata automática, Badenes nos invita a practicar la "caminata con atención somática". Esta técnica implica reducir ligeramente la velocidad, ampliar el campo visual, sentir plenamente el apoyo de los pies, permitir que el movimiento se inicie en el tórax y observar la relación entre brazos, respiración y pelvis, sin intentar corregir, solo sintiendo. Este tipo de caminata no solo es un desplazamiento físico, sino una manera de "recalibrar el sistema" nervioso, ayudando a equilibrar el organismo y a salir del estado de alarma crónico.