La manera en que nuestro organismo detecta las temperaturas frías ha sido durante mucho tiempo un enigma para la ciencia. Sin embargo, un grupo de investigadores de la Universidad de California en San Francisco, Estados Unidos, ha logrado un avance significativo al obtener imágenes detalladas de la proteína TRPM8, el sensor clave del frío, en pleno funcionamiento a nivel atómico.
Los hallazgos de este estudio, publicados en la prestigiosa revista Nature, proporcionan una comprensión sin precedentes de la estructura molecular de la TRPM8 y cómo esta reacciona ante el estímulo del frío. Los autores sugieren que esta revelación podría, en el futuro, ser fundamental para desarrollar nuevas terapias dirigidas a aliviar el dolor inducido por el frío.
Cuando nos encontramos con el frío, ya sea al introducir una mano en hielo o al abrir una puerta en un día gélido, la proteína TRPM8, ubicada en las células nerviosas, se activa. Actúa como un diminuto canal que se abre para transmitir una señal de "frío" directamente a nuestro cerebro, desencadenando la sensación térmica.
El estudio más reciente, en colaboración con científicos del Instituto Médico Howard Hughes, se centró en descifrar los intrincados cambios de forma que experimenta la proteína TRPM8 al ser expuesta a bajas temperaturas. Este proceso de transformación estructural es clave para su función sensorial.
David Julius, uno de los distinguidos autores de la investigación y Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2021 por sus descubrimientos en la percepción del calor y el picante, destacó la dificultad técnica de investigar la percepción de la temperatura. "Siempre se ha buscado entender cómo funciona, pero ha sido una pregunta muy complicada. Lograr descifrarlo finalmente es verdaderamente emocionante", afirmó.
Los científicos ya conocían que la TRPM8 se activa únicamente cuando la temperatura desciende por debajo de los 26 grados Celsius, y que es responsable tanto de la sensación de frío como de la sensación refrescante que produce el mentol. No obstante, a pesar de años de investigación, la visualización de su estructura molecular precisa durante su interacción con el frío había resultado esquiva.
La dificultad residía en que la TRPM8, incrustada en la membrana externa de las células nerviosas, tendía a desintegrarse al ser aislada. Además, la mayoría de las técnicas de imagen requieren que las proteínas mantengan una estructura estable, lo que impedía observar sus transiciones dinámicas.
La clave del éxito en este nuevo trabajo fue la capacidad de observar la proteína en su estado natural de movimiento. Los equipos de Julius y Yifan Cheng utilizaron la criomicroscopía electrónica (cryo-EM) para obtener imágenes estáticas y la espectrometría de masas de intercambio de hidrógeno-deuterio (HDX-MS) para un análisis más dinámico, permitiendo seguir la proteína en tiempo real mientras la temperatura ambiente variaba. Este enfoque dual reveló qué partes de la molécula se doblan y se mueven con los cambios térmicos.
La combinación de estas metodologías permitió a los investigadores modelar con exactitud cómo la TRPM8 se abre cuando la temperatura baja de los 26 grados. Este avance no solo abre el camino para entender la estructura de otras proteínas dinámicas difíciles de visualizar, sino que también podría resolver una antigua interrogante: ¿por qué las aves, que también poseen TRPM8 en sus células nerviosas, exhiben una sensibilidad al frío significativamente menor que los mamíferos?