La psicóloga Alicia Rodríguez, en conversación con el doctor Abellán en su podcast Vital, profundiza en la a menudo dolorosa, pero crucial, decisión de poner fin a una relación. Aunque la naturaleza humana nos impulsa a forjar lazos, existen momentos en los que desprenderse de ellos se convierte en una necesidad ineludible. Rodríguez enfatiza que nuestro propio organismo nos envía mensajes claros, manifestándose a través de la apatía, el agotamiento o una profunda indiferencia hacia la conexión, indicativos inequívocos de que ha llegado el momento de avanzar. Es fundamental discernir entre los altibajos temporales, que provocan un sufrimiento pasajero, y los desafíos constantes que, al normalizarse, pueden llevar a un "duelo anticipado", incluso antes de la separación formal.
El psicólogo Luis Guillén, de Psicopartner, añade una capa más a esta comprensión, señalando que la permanencia en una relación, impulsada principalmente por el apego, no se fundamenta en el bienestar, sino en la necesidad. Esta dinámica, explica Guillén, se nutre del miedo a la soledad, a no encontrar algo mejor o a la pérdida. Una relación deja de ser un pilar saludable cuando comienza a erosionar la identidad, la autoestima y la estabilidad emocional de uno, llevando a sentimientos de confusión, alerta constante o a la peligrosa normalización del sufrimiento en nombre del amor. Cuando el vínculo genera más ansiedad que seguridad y exige una justificación constante de comportamientos dañinos, es una clara señal de su toxicidad.
El desafío de distanciarse de alguien a quien todavía se quiere radica, según Guillén, en la asincronía entre el amor y el apego. Aunque la lógica pueda dictar que la relación no es funcional, el lazo emocional persiste, anclado en recuerdos, experiencias compartidas y la esperanza de un cambio futuro. Separarse no solo implica el duelo por la persona, sino también por el proyecto de vida imaginado en conjunto. Este proceso de desapego genera una mezcla de dolor, ambivalencia y temor, lo que explica la dificultad intrínseca de soltar, incluso cuando es evidente la necesidad de hacerlo.
El psicólogo Guillén subraya la profunda influencia del pasado en la construcción de nuestros vínculos afectivos. Tendemos a replicar patrones emocionales aprendidos en nuestras etapas formativas, e incluso experiencias dolorosas pueden ser percibidas inconscientemente como normales. Con frecuencia, buscamos subsanar viejas heridas a través de relaciones que, aunque parecidas a las anteriores, anhelamos que tengan un desenlace diferente. Sin embargo, la clave reside en establecer límites saludables. Es posible sentir afecto y, al mismo tiempo, reconocer que una relación carece de salud. La autoafirmación de las propias necesidades y la negativa a sacrificarlas para mantener un vínculo son los cimientos de límites efectivos, y su respeto mutuo es el distintivo de una relación verdaderamente sana.