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El engaño infantil: Un indicador temprano del desarrollo cognitivo

05/19 2026

Una reveladora investigación internacional desafía las percepciones comunes sobre la honestidad en la infancia, indicando que el engaño en los niños aparece mucho antes de lo que habitualmente se piensa. Padres de todo el mundo se cuestionan si es normal que sus hijos, a edades muy tempranas, recurran a pequeñas artimañas, y la ciencia responde afirmativamente. Este nuevo estudio, liderado por la Universidad de Bristol en el Reino Unido, concluye que las primeras formas de engaño pueden manifestarse desde los primeros meses de vida, formando parte intrínseca del desarrollo infantil. Los investigadores estiman que aproximadamente el 25% de los bebés de diez meses ya presentan alguna conducta engañosa, y casi todos los niños de tres años emplean estrategias para ocultar información, distraer o evitar consecuencias no deseadas.

Los expertos insisten en que, lejos de ser algo perjudicial, estos comportamientos representan un indicativo vital del desarrollo social y cognitivo. Durante mucho tiempo, se vinculaba la capacidad de mentir con habilidades complejas como un lenguaje avanzado, pensamiento sofisticado o la capacidad de comprender la perspectiva de otra persona; sin embargo, esta investigación cuestiona esa noción. La profesora Elena Hoicka, principal autora del estudio, ha explicado que las manifestaciones iniciales de engaño son mucho más simples y surgen considerablemente antes de lo que se creía. Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron las respuestas de padres de más de 750 niños de entre 0 y 47 meses en el Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Australia, identificando 16 tipos distintos de engaño infantil. Algunos padres incluso reportaron haber observado comportamientos engañosos en sus hijos desde los ocho meses de edad. Estas situaciones cotidianas, que pueden considerarse engaños, incluyen desde fingir no oír a los padres hasta esconder objetos, negar lo evidente, inventar excusas para evitar tareas o distraer a un adulto para cometer alguna travesura prohibida. Los engaños basados en acciones simples predominan alrededor de los dos años, evolucionando hacia formas más sofisticadas alrededor de los tres, cuando los niños empiezan a comprender mejor la mente de los demás y a utilizar el lenguaje de manera más estratégica, lo que da lugar a expresiones como 'me he comido todos los guisantes' o 'ha sido un fantasma'.

Aunque descubrir una mentira en la infancia puede ser frustrante para muchos adultos, los especialistas recalcan que estas conductas son parte del aprendizaje social normal. Para poder engañar, incluso de forma sencilla, el niño necesita desarrollar importantes capacidades como entender que otras personas poseen información diferente, anticipar reacciones, reflexionar sobre las consecuencias, emplear el lenguaje con intención y asimilar las normas sociales. Es decir, detrás de estas pequeñas 'trampas' se encuentra un cerebro en proceso de maduración, aprendiendo a desenvolverse en las relaciones humanas. Por esta razón, los investigadores enfatizan que el propósito no debe ser tildar al niño de 'mentiroso', sino abordar estas situaciones con tranquilidad y una educación emocional adecuada. El engaño en la primera infancia es un comportamiento completamente normal, y comprender qué conductas son esperables según la edad puede ayudar a los padres a entender mejor a sus hijos y a reaccionar de manera más apropiada. A menudo, detrás de estas escenas no hay malicia ni manipulación, sino curiosidad, búsqueda de autonomía, deseo de evitar límites o simplemente experimentación social. Si bien es fundamental enseñar la honestidad y establecer límites claros, los expertos recuerdan que estas pequeñas falsedades forman parte del desarrollo típico infantil y, de hecho, suelen ser un indicio de que el niño está adquiriendo un vasto conocimiento.