En el complejo mundo de la crianza, la preocupación por las influencias externas que rodean a nuestros hijos es una constante. A menudo, como padres, nos encontramos juzgando a los amigos de nuestros pequeños, temiendo que ciertas compañías puedan desviar su camino. Sin embargo, la psicóloga infantil Carmen Esteban nos invita a mirar más allá de las apariencias y a comprender las razones subyacentes detrás de los comportamientos que consideramos problemáticos, así como a adoptar un enfoque constructivo para abordar estas situaciones.
En el día a día, en un mundo en constante evolución, el 2 de marzo de 2026, la reconocida psicóloga infantil Carmen Esteban compartió valiosas perspectivas a través de sus plataformas en línea, abordando un tema recurrente entre los padres: la percepción de las "malas influencias" en las amistades de sus hijos. Esteban, experta en el desarrollo emocional y social de los niños, destacó que lo que a menudo percibimos como conductas problemáticas en otros niños –como agresiones verbales o físicas, o la desobediencia a las normas–, suele ser solo la "punta del iceberg".
La especialista argumenta que detrás de estas acciones, a menudo existen desafíos significativos en la vida de un niño, que van desde problemas de conducta y estructuras familiares disfuncionales hasta trastornos emocionales, antecedentes de maltrato o abuso, carencia afectiva, diagnósticos clínicos o situaciones personales complicadas. Esta profunda observación nos impulsa a una reflexión empática: en lugar de etiquetar a un niño como "malo", deberíamos considerar las circunstancias que pueden haber moldeado su comportamiento. Esta perspectiva no implica aceptar pasivamente cualquier interacción, sino cultivar una comprensión más profunda y compasiva hacia la infancia.
Esteban enfatiza que, si bien la empatía es fundamental, los padres tienen el derecho y la responsabilidad de guiar a sus hijos en la elección de sus amistades. Propone un marco de acción basado en cinco principios clave:
La sabiduría de Carmen Esteban subraya que la forma en que los padres comunican estas ideas es tan importante como las ideas mismas. Un lenguaje respetuoso y empático no solo enseña a los hijos a discernir entre buenas y malas influencias, sino que también les inculca valores fundamentales como la comprensión, el respeto y la autonomía. En última instancia, la meta es empoderar a los niños para que, aun frente a presiones externas, mantengan su propio criterio y decidan quiénes quieren ser.
Este enfoque resalta la profunda influencia que los padres ejercen a través de su propio ejemplo. Si los adultos muestran desprecio o juzgan a otros, los hijos tienden a imitar esa conducta. Por el contrario, al abordar las dificultades con respeto y empatía, se les enseña a comprender y a relacionarse con el mundo de una manera más constructiva. Los hijos, como espejos de sus padres, internalizan no solo lo que se les dice, sino también cómo se dicen las cosas, cómo se trata la vulnerabilidad y cómo se discuten las dinámicas sociales. Aunque los padres no siempre pueden controlar con quién se relacionan sus hijos, sí pueden equiparlos con las herramientas emocionales y el criterio para tomar decisiones informadas sobre sus amistades, manteniendo su identidad y responsabilidad, incluso cuando se enfrentan a influencias complejas.