Escoger cómo llamar a nuestra primera hija se convirtió en una verdadera odisea. Después de innumerables conversaciones y listas interminables de opciones femeninas, finalmente dimos con una denominación que nos pareció ideal. Era una fusión perfecta de refinamiento y simplicidad, con un toque único que no resultaba extraño. Para nosotros, era simplemente sublime. O eso creíamos, mi compañero y yo... ¿Cuál fue el nombre elegido? Siena, por supuesto. No podía ser otro.
La gente, que parece creer que la maternidad les da licencia para opinar sin filtros sobre cualquier tema, no tardó en empezar a indagar sobre el nombre de nuestra pequeña. Nosotros, cada vez que lo mencionamos, sentimos una profunda felicidad. Sin embargo, no siempre recibimos el mismo entusiasmo a cambio. Y debo admitir que, a pesar de estar plenamente convencidos de nuestra elección de Siena, muchas de las reacciones nos provocaron una mezcla de decepción y tristeza. Este torbellino de emociones, agravado por los cambios hormonales del embarazo, me impulsó a compilar una serie de frases que los padres preferimos no escuchar cuando compartimos el nombre que hemos escogido para nuestro hijo, por muy poco que te agrade.
¿Alguna vez has notado cómo la cantidad de personas que te desagradan parece aumentar exponencialmente cuando intentas seleccionar un nombre para tu bebé? Es una verdad innegable. Imagina la escena: después de una visita médica, descubres que esperas una niña. ¿Valentina? No, así se llama la dueña malhumorada de la tienda del pueblo. ¿Emma? Tampoco, recuerdo una Emma muy antipática en la escuela primaria. Así, uno tras otro, nombres hermosos son descartados de la lista de posibilidades, como fichas de dominó. Para bien o para mal, casi todos los nombres evocan recuerdos de personas que hemos conocido, y cada uno despierta una sensación diferente en cada individuo. Lo más curioso es que, a medida que avanzamos en la búsqueda del nombre, comenzamos a consultar a familiares y amigos (un error, lo he comprobado) y es entonces cuando descubrimos que la memoria colectiva es mucho más compleja que la nuestra. "Lucía no, me recuerda a la ex de mi cuñado; Carla tampoco, conocí a una muy mandona...". Llega un punto en el que nos preguntamos si existe algún nombre en la Tierra que no despierte un trauma, una molestia o una opinión no solicitada.
Pero, aunque parezca inalcanzable, el milagro finalmente acontece: un día, esa denominación anhelada, Siena en nuestro caso, emerge. Una que no arrastra consigo ninguna connotación negativa. O quizá sí, pero ya carece de importancia, porque ha comenzado a adquirir un significado completamente nuevo. Y ya no puedes evitar imaginar la carita de tu bebé volviéndose hacia ti con una sonrisa cuando pronuncias ese nombre. Es entonces cuando descubres una verdad que nadie te había revelado: que los nombres no se eligen únicamente con la lógica, ni con la tradición, ni con las tendencias. Se eligen con el amor incondicional que ya sientes por tu pequeño en camino. Y ese amor, nunca se equivoca.
No dramatices. Afortunadamente, la mayoría de las personas reacciona con respeto al conocer el nombre de tu bebé. Sin embargo, siempre hay alguien —un vecino, un pariente o un desconocido entrometido— que suelta un comentario hiriente, disfrazado de inocencia o falsa alegría, sobre tu elección. Es completamente natural que esa opinión no solicitada te ofenda. Después de todo el esfuerzo por llegar a un acuerdo con tu pareja, incluyendo intensas discusiones, lo último que necesitas es que alguien externo cuestione el nombre elegido para tu hijo o hija. Por eso, antes de reaccionar impulsivamente, es prudente respirar hondo y recordar que la elegancia es tu mejor arma. No solo te protege, sino que también demuestra la confianza en tu decisión. Una respuesta tranquila y firme puede ser tan simple como sonreír y decir: “Nos encanta, por eso lo elegimos”. Y listo. No hay más que añadir. A veces, incluso puedes permitirte un toque de humor: “Menos mal que esta niña es nuestra hija y no tenemos que ponernos de acuerdo todos, ¿verdad?”. Recuerda: estos comentarios, casi siempre, revelan más sobre quien los emite que sobre tu bebé o tu decisión.