Estudios como los de Maryanne Wolf, autora de "Proust and the Squid", revelan que escuchar cuentos activa áreas cerebrales vinculadas a las emociones, robusteciendo las conexiones entre las cortezas auditiva, visual y prefrontal. Sophie Blousson, experta en neuroeducación, enfatiza que la lectura en voz alta es un "entrenamiento" para que el cerebro infantil procese la información de forma narrativa.
Los profesionales del Centro CIPA señalan que la narración de historias con distintas modulaciones y un vocabulario diverso nutre el lenguaje receptivo de los infantes, sentando las bases para una comunicación oral y escrita eficaz. Además, esta práctica enciende la chispa de la imaginación, permitiendo a los niños viajar a reinos fantásticos y construir imágenes mentales vívidas.
La escucha activa de relatos fomenta la concentración, una habilidad crucial para el aprendizaje. Asimismo, compartir momentos de lectura profunda crea un espacio de conexión emocional y confianza entre padres e hijos. Expertos como Daniel Siegel y Tina Payne Bryson resaltan la importancia de estas vivencias para integrar emoción y cognición, transformando la lectura en un puente de unión.
Desde el centro Peque Curiosos, se subraya que a través de los cuentos, los niños aprenden a situarse en la piel de los personajes, a reconocer y gestionar emociones, y a comprender los sentimientos ajenos. La lectura compartida nutre la empatía, aviva la imaginación y facilita la expresión emocional en un entorno seguro y de apoyo.
Romina Matus, especialista en alimentación y comunicación infantil, afirma que la lectura en voz alta es el punto de partida fundamental para el amor por los libros. La entonación, el ritmo y la conexión emocional del narrador son vitales para transmitir el disfrute de la lectura. Aunque no son habilidades innatas, pueden desarrollarse para enriquecer la experiencia compartida.
El Centro Integral Del Ser aconseja seleccionar libros con ilustraciones llamativas para captar la atención de los más pequeños. Variar el tono de voz y mantener la interactividad mediante preguntas sencillas sobre las imágenes o la repetición de palabras clave, son técnicas que enriquecen la experiencia. La constancia diaria en la lectura es fundamental para instaurar un hábito positivo desde edades tempranas. En definitiva, ninguna aplicación digital puede reemplazar el profundo vínculo afectivo y los beneficios para el desarrollo integral que proporciona la lectura compartida entre adultos y niños.