La idea de "orden emocional" se inspira en el cuento "El Monstruo de los Colores" de Anna Llenas, donde se sugiere organizar las emociones para entenderlas mejor. Según Catalina Hoffmann, una autoridad en estimulación cognitiva, este orden se refiere a la capacidad de reconocer, estructurar y manejar nuestras emociones. Este proceso nos empodera, otorgándonos un mayor control sobre nuestras decisiones y nuestro estado de ánimo.
Dar un nombre a lo que sentimos es un acto crucial, según Catalina Hoffmann. Implica hacer una pausa y conectar con nuestro interior. Este paso activa la corteza prefrontal, el centro de la razón en nuestro cerebro. Al verbalizar nuestras emociones, la lógica prevalece sobre la impulsividad, estableciendo un puente entre nuestra parte emocional y racional. Este proceso contribuye a la relajación de la amígdala y a la moderación de hormonas como el cortisol, lo que impacta positivamente en nuestro bienestar.
Catalina Hoffmann propone una guía práctica para una organización emocional efectiva. Primero, es esencial crear un espacio entre el estímulo y la reacción, permitiéndonos respirar profundamente y reconocer lo que sentimos. Segundo, debemos identificar la emoción y su origen. Tercero, es importante evaluar las diferentes respuestas posibles y elegir aquella que esté alineada con nuestros valores y el contexto, ya sea profesional o personal.
En esencia, la clave reside en no ceder a las reacciones impulsivas, sino en tomar un momento para reflexionar y responder de manera intencionada y constructiva. El entorno ideal para este ejercicio es un lugar sereno, que nos permita una pausa. No obstante, lo más vital es cultivar la habilidad interna de generar esa calma, aprendiendo a distanciarnos y a gestionar nuestras emociones con sensatez, manteniendo la serenidad interior incluso bajo presión.
El "orden emocional" implica clasificar y entender nuestras emociones, mientras que la "limpieza emocional" va más allá. Esta última se enfoca en liberarnos de emociones "atrapadas" que provienen del pasado y que nos afectan negativamente. No se trata de borrar el pasado, sino de desvincularnos de aquellas cargas emocionales que nos impiden avanzar, mediante un proceso de reprocesamiento. Las emociones "atrapadas" son aquellas que no procesamos adecuadamente, creando patrones que pueden manifestarse como estrés, ansiedad o reacciones desproporcionadas. Aprender a gestionarlas y "limpiarlas" es crucial para evitar que dejen una huella duradera en nuestro bienestar.