La relaxina es una hormona clave en el embarazo, segregada desde el primer trimestre. Su función es crucial en la preparación del cuerpo para el parto, ya que actúa sobre los tejidos conectivos, volviéndolos más flexibles. Este efecto se extiende a todos los ligamentos, incluyendo los de los pies, lo que puede llevar a un ensanchamiento y alargamiento del pie.
La flexibilización de los ligamentos por la relaxina puede resultar en un descenso del arco plantar, aumentando la probabilidad de desarrollar pie plano durante el embarazo. Este cambio estructural contribuye al crecimiento del pie, un fenómeno que, según diversos estudios, afecta a una gran mayoría de mujeres embarazadas.
Además de la relaxina, el aumento de peso corporal que experimentan las mujeres durante el embarazo ejerce una mayor presión sobre los pies, lo que puede causar sobrecarga en estructuras como la fascia plantar y el tendón de Aquiles, generando dolor. La retención de líquidos también contribuye al hinchazón, afectando el tamaño de los pies, generalmente de forma bilateral, aunque ocasionalmente un pie puede verse más afectado que otro.
Tras el alumbramiento y la recuperación progresiva del cuerpo, los pies suelen volver a su tamaño previo en la mayoría de los casos. No obstante, este aspecto aún no ha sido extensamente investigado, y algunas mujeres pueden experimentar un ensanchamiento leve o permanente, especialmente si no recuperan su peso y hábitos anteriores al embarazo. Es un proceso individual y no siempre se garantiza un retorno completo a la condición inicial.