Una investigación llevada a cabo por la Universidad Brigham Young, en Estados Unidos, ha arrojado luz sobre el poder del running para influir en nuestra edad biológica. Los participantes que dedicaron entre 30 y 40 minutos a correr, cinco días a la semana, mostraron signos de rejuvenecimiento de hasta nueve años en comparación con aquellos con un estilo de vida sedentario. Este efecto se atribuye a la longitud de los telómeros, estructuras que resguardan los extremos de nuestros cromosomas y cuya extensión se relaciona directamente con el ritmo de envejecimiento celular.
Es esencial distinguir entre la edad que indica nuestro calendario y la edad real de nuestras células. Mientras la primera es un número fijo, la edad biológica refleja la salud interna de nuestro cuerpo, la cual puede variar considerablemente. Según Camila Monguzzi, experta en bienestar y fundadora de Fitclub Collective, factores como la actividad física, el descanso, la nutrición y la genética juegan un papel crucial en determinar si nuestro organismo funciona como si tuviera más o menos años de los que realmente tenemos. El ejercicio, en particular, ejerce una influencia notable en esta "edad interna".
Aunque el estudio destaca los beneficios antienvejecimiento del running, es crucial entender que no es una solución única. Monguzzi subraya que, más allá de la creencia de que correr por sí mismo "quita años", lo que realmente demuestran estas investigaciones es que una práctica física regular y sostenida, como correr, puede impactar positivamente en indicadores biológicos vinculados al proceso de envejecimiento. La clave, insiste, radica en el enfoque integral de un estilo de vida saludable, más allá de un único hábito aislado.
Correr pone en marcha múltiples sistemas corporales simultáneamente, lo que explica sus amplios beneficios. La actividad mejora la salud cardiovascular, potencia la capacidad pulmonar, optimiza el metabolismo y reduce la inflamación. Además, contribuye a la gestión del estrés y mejora la calidad del sueño. Todos estos efectos combinados propician un funcionamiento corporal más eficiente, lo que se traduce en un proceso de envejecimiento más lento y saludable.
Contrario a la idea de que entrenar con la máxima intensidad es lo más beneficioso, la entrenadora Camila Monguzzi enfatiza que la constancia supera a la intensidad. Correr de forma excesivamente vigorosa puede ser contraproducente, generando fatiga y aumentando el riesgo de lesiones. La estrategia más eficaz es mantener una intensidad moderada que se pueda sostener en el tiempo, permitiendo así la consolidación del hábito y la obtención de beneficios a largo plazo sin un desgaste excesivo.
El running es solo una de las muchas herramientas disponibles para promover un envejecimiento saludable. Monguzzi aclara que diversas formas de ejercicio, como el entrenamiento de fuerza, las clases funcionales, el pilates o incluso caminar a paso ligero, pueden ofrecer beneficios similares si se practican con regularidad. La esencia, recalca, es mantenerse activo de forma constante, independientemente de la modalidad elegida.
La buena noticia es que los primeros signos de mejora pueden aparecer más rápido de lo esperado. Muchas personas comienzan a sentirse mejor y con más energía a las pocas semanas de incorporar actividad física regular en sus vidas. Sin embargo, los cambios físicos más notorios suelen hacerse visibles a partir del primer o segundo mes, siempre y cuando se mantenga la consistencia en el entrenamiento.
Uno de los errores más frecuentes al empezar a correr es intentar avanzar demasiado rápido. Monguzzi advierte que iniciar con una alta intensidad sin una base previa puede llevar a la fatiga excesiva o a lesiones. El cuerpo necesita un período de adaptación gradual. Por ello, recomienda empezar caminando, combinar diferentes ritmos, o incluso alternar con otros tipos de entrenamiento para mantener la motivación y proteger las articulaciones.
Aunque el ejercicio regular es vital, no puede compensar completamente una vida sedentaria. La clave para una salud óptima radica en la integración del movimiento en el día a día. Adicionalmente al entrenamiento estructurado, se sugiere caminar más, optar por las escaleras en lugar del ascensor y reducir el tiempo que se pasa sentado. Estos pequeños cambios contribuyen significativamente a una mayor actividad general.
Para aquellos que inician su camino en el running, especialmente si han estado inactivos o tienen condiciones preexistentes, la progresión es fundamental. Se aconseja adoptar un enfoque gradual que combine ejercicios de fuerza, movilidad y actividades de bajo impacto antes de incorporar el running. La recomendación inicial es comenzar con caminatas, luego integrar el método de caminar-correr (CACO) y, progresivamente, avanzar hacia un trote suave que eleve la frecuencia cardíaca sin sobrecargar el cuerpo.