José Ruiz, un renombrado entrenador personal, detalla que el ejercicio practicado por María José Suárez es una flexión de cadera ejecutada en posición supina con el soporte de un rodillo de espuma (foam roller). Aunque puede parecer simple a primera vista, este movimiento encierra una gran profundidad y beneficios significativos.
Para realizar este ejercicio de manera óptima, uno debe recostarse boca arriba, colocando el rodillo de espuma estratégicamente debajo de la pelvis o en la región lumbar baja. Desde esta posición, se procede a realizar flexiones de cadera controladas, llevando las rodillas hacia el pecho de forma pausada y sin movimientos bruscos. Ruiz enfatiza que el propósito de este ejercicio no es la quema intensiva de calorías o la construcción masiva de musculatura abdominal, sino más bien el perfeccionamiento del control pélvico, la mejora de la movilidad de la cadera y la activación del core profundo. Este enfoque se vuelve crucial a partir de los 40 y, de forma más acentuada, alrededor de los 50 años, cuando el soporte postural y la armonía del movimiento corporal cobran mayor importancia.
Este versátil movimiento puede incorporarse al inicio de una sesión de entrenamiento como una fase de activación, o al finalizar, para fomentar la movilidad y el control. Es especialmente beneficioso para individuos que pasan largas horas sentados, ya que contribuye a contrarrestar la pérdida de movilidad de la cadera y a asegurar que el abdomen profundo participe eficazmente en las actividades cotidianas.
La flexión de cadera con rodillo de espuma obliga a una ejecución más consciente, ya que el soporte del rodillo altera sutilmente la posición pélvica, requiriendo un mayor control abdominal para evitar la tensión en la espalda baja y asegurar que el movimiento provenga de la cadera. Una correcta ejecución fomenta una mejor conexión entre el abdomen, la pelvis y la cadera. La técnica implica mantener el abdomen activo mientras se llevan las rodillas lentamente hacia el pecho, para luego regresar a la posición inicial manteniendo el control. Se sugiere realizar entre 8 y 12 repeticiones, priorizando la calidad sobre la cantidad.
Uno de los errores más frecuentes es convertir el ejercicio en un balanceo impulsado por las piernas, lo que disminuye su efectividad al perder el control lumbar. Otro error es creer que cuanto más cerca estén las rodillas del pecho, mejor. Sin embargo, la clave reside en mantener una postura adecuada, respirar correctamente y sentir que el movimiento se origina en la cadera, sin ejercer tensión brusca en la espalda.
A partir de los 50 años, el entrenamiento debe trascender la sudoración o la intensidad agresiva. Es fundamental centrarse en la movilidad de la cadera, el control pélvico y la estabilidad abdominal para prevenir dolores lumbares, sobrecargas y rigidez. La meta es fusionar fuerza, movilidad, control postural y hábitos sostenibles. Un físico bien cuidado en esta etapa de la vida no se logra solo con ejercicios de glúteos o cardio, sino a través de una base funcional que permita entrenar sin lesiones y mantener una vida activa. El experto subraya que, a esta edad, el entrenamiento eficaz significa entrenar con mayor inteligencia, integrando fuerza, movilidad, estabilidad y técnica. El cuerpo debe ser capaz de responder, moverse con fluidez y mantener la energía a lo largo de los años. La figura cuidada de María José Suárez a los 50 es un testimonio de la constancia, los buenos hábitos y una relación madura con el ejercicio, no buscando emular la juventud, sino construyendo un cuerpo funcional y saludable.