En un impactante relato de supervivencia y dedicación, un enfermero congoleño, Etienne Enzo, ha superado la temida enfermedad del Ébola, causada por la cepa Bundibugyo. Este logro es aún más significativo porque esta variante del virus carece de vacuna y ha provocado un brote considerable en el este de la República Democrática del Congo (RDC). Con una voz cargada de emoción, Enzo confiesa haber "visto la muerte de cerca" durante su convalecencia.
La historia de Enzo se ha convertido en un faro de esperanza para la región. Él es uno de los cuatro valientes enfermeros que, tras recuperarse, posaron con orgullo junto a Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en Bunia, epicentro del brote. Para este profesional de 44 años, su recuperación es un auténtico renacimiento. Después de años de dedicación inquebrantable a cuidar a los enfermos en la primera línea de defensa, el Ébola puso a prueba su propia vida.
El enfermero Enzo rememora el inicio de su calvario mientras realizaba sus rondas habituales en el Centro Médico Evangélico de Bunia. La repentina aparición de mareos, vómitos incontrolables y diarrea lo alertó de inmediato. Afortunadamente, al manifestarse los síntomas en su lugar de trabajo, recibió atención de urgencia por parte de sus colegas, lo que fue crucial para su supervivencia. A pesar de un resultado inicial negativo en la prueba de Ébola, el equipo médico continuó tratando sus síntomas con diligencia, hasta que pruebas posteriores confirmaron el diagnóstico positivo. Durante su aislamiento, Enzo se aferró a su fe y luchó con valentía contra la enfermedad, siendo declarado curado en un acto que él mismo describe como una bendición.
Tras su recuperación, Etienne Enzo, aunque aún no ha vuelto a sus labores profesionales, se ha convertido en un incansable defensor de la concienciación sobre el Ébola. Con el respaldo del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) congoleño, dedica su tiempo a educar a la comunidad sobre los peligros de la enfermedad, la importancia de la prevención, evitando contactos de riesgo y la necesidad de abandonar prácticas como el contacto físico con los cuerpos de los fallecidos. Su valiente historia como paciente ofrece un poderoso mensaje de esperanza y resistencia frente a la decimoséptima epidemia de Ébola que ha afectado a la RDC desde su primer brote en 1976. A pesar de la alta tasa de letalidad de la cepa Bundibugyo, que oscila entre el 30% y el 50%, y la ausencia de una vacuna o tratamiento específico, la experiencia de Enzo subraya la importancia de la fe, la determinación y la atención médica oportuna en la lucha contra esta devastadora enfermedad.