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La Importancia Relativa de Gatear en el Desarrollo Infantil: Mitos y Realidades

05/21 2026

El desarrollo de cada niño es un proceso único, y aunque existen etapas comunes, la forma y el momento en que se alcanzan, especialmente en lo que respecta a la movilidad, varían considerablemente. En este contexto, el gateo, tradicionalmente visto como un paso crucial, ha sido reevaluado por especialistas en pediatría, quienes ahora sugieren que su papel es más matizado de lo que se pensaba.

Históricamente, el acto de gatear se consideraba una fase motora esencial en la infancia. Sin embargo, en los últimos años, tanto expertos como organizaciones pediátricas han ajustado esta perspectiva, reconociendo que no todos los infantes gatean ni lo hacen de la misma manera. Este cambio de enfoque busca aliviar preocupaciones innecesarias en las familias, reconociendo que existen diversas rutas normales hacia la movilidad.

La doctora Carla Estrada, pediatra, ha señalado que el gateo es un hito del desarrollo, pero con ciertas reservas. No es una experiencia universal ni imprescindible para un progreso adecuado. La percepción de que el gateo dejó de ser un hito clave se originó en 2022, cuando organismos internacionales retiraron esta fase de sus directrices de desarrollo, precisamente para evitar ansiedades en padres cuyos bebés adoptaban otras formas de desplazamiento igualmente válidas.

A pesar de esta flexibilización en la percepción de su obligatoriedad, la experta resalta que el gateo sigue siendo sumamente ventajoso. Contribuye significativamente al desarrollo de la coordinación, el equilibrio, la fortaleza muscular y la integración tanto corporal como cerebral. Estos beneficios subrayan su valor, aunque su ausencia no sea motivo de alarma.

Es crucial entender que la falta de gateo no indica necesariamente un problema, siempre y cuando el bebé alcance otros hitos motores acordes a su edad. Estos incluyen la capacidad de sentarse sin ayuda, desplazarse de otras maneras, ponerse de pie o empezar a caminar. La doctora Yuliana Catacora Sagredo, también pediatra, enfatiza que lo verdaderamente relevante es que el niño encuentre métodos para moverse y explorar su entorno, independientemente de si gatea o no.

Cada niño exhibe patrones de movimiento distintos: algunos se arrastran, otros giran sobre sí mismos, y otros incluso se desplazan sentados o hacia atrás. Todas estas modalidades son consideradas normales. El gateo tradicional suele observarse entre los 7 y los 10 meses de edad, pero esta ventana puede variar sin que ello represente un signo de alarma.

No obstante, es fundamental buscar orientación pediátrica si surgen dudas sobre el progreso motor o si se detectan dificultades persistentes en el movimiento o en el uso de alguna parte del cuerpo. Señales como rigidez o flacidez muscular, la incapacidad de apoyar un brazo o una pierna, la ausencia de intentos de desplazamiento por meses, o la pérdida de habilidades previamente adquiridas, justifican una consulta inmediata. La evaluación profesional es indispensable para determinar si el desarrollo del niño sigue un curso normal o si requiere una intervención más especializada. Detectar a tiempo cualquier señal de alerta es vital para asegurar el apoyo necesario.