Para Mariola Corega, destacada ex-atleta y pentacampeona de halterofilia, el término "tonificar" ha distorsionado la percepción del entrenamiento de fuerza entre las mujeres. Ella enfatiza que la firmeza corporal es sinónimo de músculo, no de un concepto vago de "tono". El levantamiento de pesas es una práctica de autocuidado profunda, que va más allá de la apariencia, construyendo una estructura corporal que mejora la calidad de vida y protege el organismo.
El tejido muscular es mucho más que una cuestión visual; es un elemento vital y dinámico en el cuerpo. Mariola Corega subraya que el músculo consume energía incluso en reposo, ofrece soporte a los huesos, resguarda las articulaciones, regula los niveles de azúcar en sangre y es determinante para la autonomía en la vejez. A partir de los 40 años, y de manera más pronunciada con la menopausia, la masa muscular tiende a disminuir progresivamente, haciendo del entrenamiento de fuerza una estrategia crucial para mantener la independencia futura.
El entrenamiento con cargas es particularmente beneficioso para la salud femenina, actuando en múltiples frentes. Fortalece la densidad ósea, crucial para prevenir la osteoporosis, especialmente después de la menopausia. A nivel metabólico, una mayor masa muscular optimiza la gestión de la glucosa y promueve una composición corporal sana, reduciendo la necesidad de dietas restrictivas. Hormonalmente, la fuerza contribuye a regular el cortisol, mejorar el sueño, el estado de ánimo y la energía, brindando un soporte integral al cuerpo en todas sus etapas, incluyendo la perimenopausia.
Uno de los principales obstáculos para muchas mujeres es el temor a desarrollar un volumen muscular "excesivo". Corega desmiente este mito, explicando que la construcción muscular significativa requiere años de entrenamiento especializado, una dieta rigurosa y, a menudo, objetivos deportivos muy específicos, dada la menor producción de testosterona en el cuerpo femenino. En la mayoría de los casos, el entrenamiento de fuerza en mujeres resulta en un cuerpo más firme, compacto y fuerte, sin un aumento desproporcionado del tamaño.
Para quienes se inician en el entrenamiento de fuerza, Corega aconseja priorizar la técnica sobre el peso. Es fundamental dominar los movimientos básicos, como la sentadilla o la elevación de objetos, asegurando una correcta postura y control corporal antes de aumentar la carga. Herramientas como el peso corporal, las bandas elásticas, las máquinas guiadas o las mancuernas ligeras son excelentes para principiantes. La clave reside en que el peso suponga un desafío sin comprometer la forma correcta del ejercicio.
El entrenamiento de fuerza debe ser visto como una forma de autocuidado y empoderamiento, no como un castigo o una persecución estética. Dedicar dos o tres días a la semana a este tipo de ejercicio puede generar una diferencia significativa. Corega enfatiza que el músculo crece durante el descanso, por lo que la recuperación es tan importante como el entrenamiento. Tres sesiones bien estructuradas, con días de descanso intermedios, son más efectivas que un esfuerzo excesivo y esporádico. La constancia, el descanso adecuado y la progresión gradual no solo transformarán el físico, sino que también cultivarán un sentido de capacidad, confianza y orgullo en el propio cuerpo.