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Señales Tempranas No Motoras de la Enfermedad de Parkinson: Una Detección Crucial

05/20 2026

La identificación temprana de la enfermedad de Parkinson es fundamental para implementar un seguimiento clínico adecuado, ajustar las terapias desde el principio y anticiparse a la evolución de la afección. Sin embargo, en muchas ocasiones, el diagnóstico se retrasa porque los primeros indicios pasan desapercibidos o se atribuyen erróneamente al proceso natural de envejecimiento. Esta situación resalta la necesidad de una mayor conciencia sobre las señales iniciales, especialmente aquellas que no se relacionan directamente con el movimiento.

Clínicamente, la enfermedad de Parkinson se caracteriza por la degeneración de las neuronas que sintetizan dopamina, una sustancia vital para el control del movimiento. A medida que este proceso neurodegenerativo avanza, los síntomas motores como la lentitud de movimientos, la rigidez muscular y las dificultades de coordinación comienzan a hacerse evidentes. No obstante, las primeras manifestaciones pueden manifestarse antes de la aparición de estos signos motores tradicionales.

El especialista Esteban Peña, director de la Unidad de Trastornos del Movimiento del Hospital Universitario La Moraleja, subraya que el temblor, el síntoma más reconocido del Parkinson, no siempre es el primer indicio. En las fases iniciales, pueden surgir señales más sutiles, como la disminución del sentido del olfato, alteraciones en el patrón de sueño o cambios en la expresión facial, que a menudo no se vinculan directamente con un problema neurológico. La conciencia sobre estas manifestaciones no motoras es crucial para un diagnóstico oportuno.

Entre las manifestaciones no motoras que pueden actuar como signos de alerta temprana, el especialista destaca cinco:

  1. La pérdida progresiva del olfato: Una disminución persistente en la capacidad para percibir olores cotidianos, como los de alimentos o perfumes, puede preceder a los síntomas motores por varios años.
  2. Alteraciones del sueño: Movimientos bruscos, vocalizaciones o gestos durante el sueño, especialmente en la fase REM (Movimiento Ocular Rápido), pueden ser una señal temprana vinculada a cambios neurológicos subyacentes.
  3. Cambios en la escritura: La letra tiende a volverse más pequeña, comprimida o menos legible con el tiempo, reflejando una pérdida de precisión en el control motor fino.
  4. Disminución del balanceo al caminar: Es común que uno de los brazos deje de balancearse de manera natural o que el andar se vuelva más lento sin una causa aparente.
  5. Rigidez o sensación de tensión muscular: Puede manifestarse en una extremidad de forma unilateral y persistente, dificultando actividades diarias como levantarse o girarse.

Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores, enfatiza la importancia de no normalizar estos cambios cuando afectan la vida diaria o progresan. Además, destaca una serie de actividades que pueden contribuir a ralentizar la progresión de la enfermedad. Caminar a paso ligero de manera regular, durante 30 a 45 minutos al día a un ritmo constante, ayuda a mantener la coordinación, mejorar el equilibrio y reducir la rigidez muscular. Practicar ejercicios de fuerza supervisados, utilizando bandas elásticas o pesas ligeras, contribuye a preservar la masa muscular y facilita movimientos cotidianos. Realizar ejercicios de coordinación y equilibrio, como el tai chi o rutinas guiadas, mejora la estabilidad y disminuye el riesgo de caídas en las fases iniciales. Finalmente, estimular la mente con actividades estructuradas como sudokus, crucigramas, juegos de lógica o el aprendizaje de un idioma, favorece la atención, fortalece la memoria y mejora la agilidad mental. La directora médica también resalta que mantener una rutina de sueño estable, con horarios fijos para acostarse y levantarse, y evitar el uso de pantallas antes de dormir, mejora significativamente la calidad del descanso.

En resumen, reconocer las manifestaciones no motoras tempranas de la enfermedad de Parkinson es crucial para un diagnóstico y tratamiento oportunos. La atención a síntomas como la pérdida del olfato, las alteraciones del sueño y los cambios en la escritura, combinada con la adopción de hábitos de vida saludables y la estimulación cognitiva, puede influir positivamente en la evolución de la enfermedad y la calidad de vida de los pacientes.