En la vorágine de la temporada de exámenes, miles de estudiantes buscan diversas maneras de potenciar su rendimiento académico. Sin embargo, en su afán por mitigar el estrés y la ansiedad inherentes a esta época, muchos recurren al consumo de suplementos y vitaminas con la esperanza de mejorar su concentración y memoria. A pesar de esta práctica extendida, los especialistas advierten sobre la ausencia de evidencia científica que respalde los beneficios de estos productos, señalando los posibles riesgos que conllevan para la salud de los jóvenes.
Durante la intensa temporada de exámenes, los centros de estudio, como las bibliotecas, se abarrotan de jóvenes dedicados a sus preparativos académicos. En este contexto de alta exigencia, es común observar un aumento en el consumo de vitaminas y suplementos entre la población estudiantil, quienes buscan en estos productos un apoyo para mejorar su concentración y rendimiento. No obstante, el doctor Guillermo García-Ribas, neurólogo y miembro destacado de la Sociedad Española de Neurología (SEN), ha emitido una clara advertencia sobre los peligros asociados al uso indiscriminado de estos complementos.
En una entrevista concedida a EFE Salud el 7 de mayo de 2026, el Dr. García-Ribas enfatizó que, hasta la fecha, “ningún suplemento nutricional ha demostrado un beneficio real en el rendimiento cognitivo necesario para superar los exámenes”. El experto señaló que la presión y la tensión experimentadas por los estudiantes durante este periodo pueden inducirlos a buscar psicoestimulantes o sustancias para aumentar la concentración, a menudo sin ser conscientes de las graves implicaciones para su salud. El abuso de estos productos no solo es ineficaz para sustituir el aprendizaje y el conocimiento, sino que también puede acarrear consecuencias perjudiciales a nivel cerebral. Los estimulantes más utilizados, como la cafeína y la teína, si bien no son inherentemente nocivos en dosis moderadas para personas jóvenes y sanas, pierden su efecto y pueden volverse peligrosos en cantidades excesivas. El especialista alertó sobre el riesgo de provocar “crisis epilépticas por hiperactividad cerebral o incluso brotes psicóticos” si se combinan con la falta de descanso.
Un estudio realizado entre estudiantes de la Universidad Rey Juan Carlos de Alcorcón reveló que muchos de ellos aumentan su consumo de café, especialmente por las noches, durante la época de exámenes. Sin embargo, algunos reconocen que el efecto podría ser más un “efecto placebo”. En respuesta a estas prácticas, el Dr. García-Ribas hizo un llamado a la cordura, subrayando que el rendimiento óptimo en los exámenes es el resultado de un esfuerzo constante y a largo plazo. Recomendó enfáticamente priorizar una alimentación balanceada y un descanso adecuado, con las horas de sueño necesarias. En cuanto a la cafeína y la teína, sugirió consumirlas con moderación, ya que un uso controlado puede ofrecer un ligero aumento en el rendimiento, comparable a las “décimas de rendimiento que se consiguen con los suplementos y la nutrición en el deporte”. En resumen, el neurólogo concluyó que no existe un “remedio mágico” que transforme el rendimiento de un estudiante de forma drástica, y que la clave reside en hábitos saludables y una preparación constante.
Esta información nos lleva a reflexionar profundamente sobre la presión académica a la que se enfrentan los jóvenes y cómo esta puede llevarlos a tomar decisiones perjudiciales para su salud. La búsqueda de soluciones rápidas para mejorar el rendimiento, como el uso de suplementos, subraya la necesidad de un enfoque más holístico en la educación y el bienestar estudiantil. Es fundamental que las instituciones educativas, los padres y los propios estudiantes comprendan que el éxito no se mide únicamente por las calificaciones, sino también por el mantenimiento de una salud física y mental óptima. La promoción de hábitos saludables, la gestión efectiva del estrés y la desmitificación de los suplementos milagrosos son pasos cruciales para garantizar que los jóvenes puedan afrontar sus desafíos académicos de manera sostenible y saludable. En última instancia, la verdadera ventaja competitiva reside en el equilibrio y el cuidado integral de uno mismo, no en atajos que pueden comprometer el bienestar a largo plazo.