A medida que la vida avanza, la relación con la actividad física necesita una revisión. A menudo, la presión social y las expectativas pasadas dificultan reconocer que el cuerpo experimenta transformaciones. Aquellos que en su juventud corrían grandes distancias con facilidad, pueden encontrarse con dificultades al intentar las mismas proezas más adelante. La clave no es la rendición, sino la reinterpretación. Mantenerse activo es fundamental, pero aferrarse a métodos obsoletos puede generar frustración y el abandono del ejercicio. Escuchar al propio organismo es el primer paso para una práctica deportiva sostenible y placentera.
El experto en acondicionamiento físico, José Ruiz, director de Malagaentrena, subraya que después de los cuarenta, el cuerpo ya no se recupera con la misma agilidad, y las articulaciones demandan una atención más considerada. Este periodo marca el inicio de una disminución gradual de la masa muscular, una recuperación más lenta, mayor rigidez articular y cambios hormonales, que pueden conducir a una inflamación aumentada si no se adoptan hábitos saludables. Esto no implica renunciar a un entrenamiento intenso, sino orientarlo hacia la calidad en lugar de la cantidad. Actividades de alto impacto repetitivas, como saltos constantes, entrenamientos de intervalos de alta intensidad (HIIT) excesivos o carreras continuas a gran velocidad, pueden sobrecargar el sistema musculoesquelético. La frecuencia, la intensidad y el contexto son determinantes para un impacto "tolerable" que, en dosis adecuadas, es crucial para la densidad ósea. Un cuerpo con una buena base muscular puede manejar ciertos impactos, pero el exceso se vuelve contraproducente ante la fatiga o la debilidad muscular.
La habilidad de adaptarse a las diversas etapas de la vida es esencial. En el ámbito del ejercicio, esto significa entrenar con mayor intención, priorizando la fuerza, la flexibilidad, la estabilidad y el control del movimiento, así como las actividades de bajo impacto. Estos elementos son fundamentales para edificar un cuerpo robusto, funcional y resiliente a lo largo del tiempo. Tras los 40, la meta es descubrir actividades físicas que resuenen con el momento actual, abandonando la noción de que el cuerpo ha dejado de responder. Se trata, más bien, de abrazar una estrategia de entrenamiento más astuta y adaptada.
El entrenador José Ruiz propone cinco ejercicios fundamentales para personalizar el entrenamiento a partir de los 40, poniendo énfasis en la salud, la fuerza y la continuidad:
Las sentadillas, realizadas con control, son vitales para mantener la autonomía y la fortaleza en las piernas. Fortalecen los músculos de las extremidades inferiores y los glúteos, mejoran la movilidad y facilitan acciones diarias como levantarse y sentarse. La clave reside en la precisión del movimiento, no en la cantidad de repeticiones rápidas.
El puente de cadera o hip thrust es crucial, especialmente para quienes pasan mucho tiempo sentados y experimentan una disminución de la fuerza en los glúteos. Este ejercicio protege la zona lumbar, estabiliza la cadera y fortalece la cadena posterior con mínimo impacto articular.
Las subidas al cajón (step-up) son consideradas por José Ruiz como uno de los ejercicios más funcionales. Mejoran el equilibrio, la coordinación y fortalecen las piernas y los glúteos, al mismo tiempo que trabajan la estabilidad unilateral, replicando movimientos cotidianos.
Las caminatas enérgicas, que antes se subestimaban, son ahora reconocidas como una herramienta excelente para la salud metabólica y el manejo del estrés. Ofrecen beneficios cardiovasculares con bajo impacto, son sostenibles y contribuyen significativamente al gasto energético diario.
Los ejercicios de movilidad y estabilidad son fundamentales. A partir de cierta edad, no todo se reduce a la quema de calorías. Dedicar unos minutos a mejorar la movilidad de la cadera, la estabilidad del core, el equilibrio y la capacidad de rotación es crucial para prevenir lesiones y mantener una buena calidad de vida.