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Desafíos y Tratamientos en Tumores Cerebrales de Bajo Grado: Más Allá de la Etiqueta 'Benigno'

06/08 2026

La percepción común de que existen tumores cerebrales completamente "benignos" es, en realidad, una simplificación que no refleja la complejidad de estas afecciones. Aunque algunos tumores muestran un crecimiento lento, su capacidad de infiltrarse en el tejido cerebral circundante y la posibilidad de reaparición con el tiempo los convierten en desafíos médicos significativos. Los expertos prefieren clasificarlos como tumores de "bajo grado" o "gliomas de bajo grado", y su manejo suele requerir una combinación de intervención quirúrgica, quimioterapia y radioterapia.

En el marco del Día Internacional de los Tumores Cerebrales, que se conmemora cada 8 de junio, se pone de manifiesto la situación de estos gliomas de bajo grado, que afectan principalmente a personas en la franja de edad de 30 a 50 años. Existe una nueva esperanza en el horizonte gracias a los inhibidores de la mutación IDH, una nueva generación de fármacos que prometen frenar su progresión. El Dr. Juan Manuel Sepúlveda, neurólogo y oncólogo del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, enfatiza en una entrevista que, a diferencia de otros tumores benignos que una cirugía a tiempo puede curar, los tumores cerebrales de bajo grado, a menudo, vuelven a manifestarse debido a la dificultad de extirparlos completamente sin dañar estructuras vitales del cerebro.

Contrastando con los gliomas de bajo grado, los meningiomas son masas que se desarrollan en las meninges, las membranas que recubren el cerebro. El 95% de estos son verdaderamente benignos y no infiltrantes, lo que permite cirugías más resolutivas. En general, el campo de los tumores intracraneales es vasto y complejo, con más de 120 tipos identificados, aunque su incidencia es relativamente baja, representando solo el 2% de todos los cánceres. Los gliomas de alto grado, como el glioblastoma, son las formas más agresivas. Según el Dr. Sepúlveda, los glioblastomas afectan a 4 de cada 100.000 habitantes al año, mientras que los gliomas de bajo grado se presentan en 1 a 3 casos por cada 100.000 habitantes anualmente.

Los tumores cerebrales de bajo grado se distinguen por su lento avance y su menor impacto destructivo en el tejido cerebral adyacente, aunque sí se expanden gradualmente hacia las células sanas. Esta característica explica la escasez de síntomas en las etapas iniciales. Las crisis epilépticas son la manifestación más común en el debut de estos tumores, y a medida que crecen, pueden provocar dolores de cabeza intensos y persistentes. En contraste, los glioblastomas, al ser más agresivos, causan un daño cerebral más evidente, afectando la movilidad, la visión o el habla. Además de las técnicas de imagen como la resonancia magnética, es fundamental realizar una biopsia o extirpación quirúrgica para analizar el tejido y detectar posibles mutaciones genéticas. Un dato relevante es que el 95% de los pacientes no presentan una predisposición genética conocida, lo que sugiere que la aparición del cáncer es, en la mayoría de los casos, un evento aleatorio, no vinculado a factores como el tabaquismo o traumatismos craneales.

La cirugía es un pilar esencial en el abordaje de estos tumores cerebrales, que erróneamente se catalogan como benignos. El Dr. Ángel Pérez Núñez, jefe de sección de Neurocirugía del Hospital 12 de Octubre, subraya que una resección quirúrgica más amplia se traduce en un mayor beneficio para la supervivencia del paciente. Más del 90% de los pacientes son operados de forma segura, minimizando las secuelas, pero la extirpación completa del tumor solo se logra en un 30% a 60% de los casos. Se ha observado que las resecciones que superan el 70-80% del volumen tumoral tienen un impacto muy positivo en el pronóstico. El especialista advierte que la clasificación de estos tumores como benignos es engañosa, ya que se estima que, con el tiempo, hasta un 70% de los pacientes fallece a causa del propio tumor. Estos tumores son infiltrantes y tienden a reaparecer, lo que puede llevar a los pacientes a someterse a múltiples intervenciones quirúrgicas. Para estas complejas operaciones, los neurocirujanos emplean técnicas avanzadas como la neuronavegación, imágenes intraoperatorias y la cirugía con el paciente despierto. Aunque la inteligencia artificial aún se encuentra en fase de investigación y no está ampliamente implementada en la práctica clínica, ya contribuye a definir los límites del tumor y a planificar las áreas de extirpación.

Tras la intervención quirúrgica, el tratamiento se refuerza con quimioterapia y radioterapia, buscando prolongar el período de control de la enfermedad y prevenir recaídas. Sin embargo, estos tratamientos convencionales conllevan riesgos de secuelas, especialmente preocupantes en pacientes jóvenes (entre 30 y 50 años) que se encuentran en la plenitud de su vida. El neurooncólogo Juan Sepúlveda destaca que, a pesar de la eficacia de los tratamientos, su toxicidad representa un desafío considerable para la calidad de vida de los pacientes, incluso en aquellos con tumores de bajo grado. A diferencia de otros tipos de cáncer, la inmunoterapia aún no ha demostrado ser efectiva en los tumores cerebrales. No obstante, para los gliomas de bajo grado que presentan la mutación del gen IDH, se han desarrollado nuevos fármacos inhibidores de esta alteración, lo que ha sido calificado como una "revolución". Estos medicamentos consiguen frenar el crecimiento tumoral y posponer la necesidad de quimioterapia y radioterapia, evitando así sus efectos adversos. A pesar de estos avances, la investigación en tumores cerebrales, aunque no sean agresivos, tiene un largo camino por delante.