La rutina diaria, repleta de responsabilidades como preparar comidas, adquirir vestimenta para los hijos, planificar campamentos estivales, coordinar citas médicas y supervisar estudios, se convierte en un lastre significativo que, en la mayoría de los hogares, recae abrumadoramente sobre las madres. Esta presión psicológica constante no es trivial; deteriora la salud mental y física, y frecuentemente, engendra un sentimiento de culpa.
Un estudio reciente titulado "El peso invisible de la maternidad", llevado a cabo por la Asociación Yo No Renuncio del Club de Malasmadres, reveló que un alarmante 86% de las mujeres que comparten hogar con su pareja asumen la principal responsabilidad de la organización familiar y la carga mental asociada. Esta realidad se traduce en una notoria falta de tiempo personal, sensaciones de aislamiento y un agotamiento profundo. El documento señala además que tres de cada cuatro mujeres reportan que esta situación ha impactado su bienestar físico y emocional de manera moderada o severa. Específicamente, el 51% experimenta fatiga y malestar con regularidad, mientras que el 22% ha lidiado con ansiedad, depresión o dolencias físicas, y solo un minúsculo 2% declara que su salud no se ha visto afectada. Además, el 82% de las madres se ha visto forzada a tomar decisiones laborales que han repercutido negativamente en su trayectoria profesional, como reducir jornadas, rechazar ascensos, cambiar de empleo o incluso abandonarlo. Otro informe de Closingap y Repsol complementa estos hallazgos, indicando que las mujeres dedican en promedio 3.2 horas más que los hombres al cuidado y a las tareas domésticas diariamente, lo que equivale a casi tres jornadas laborales adicionales por semana.
La antropóloga social Sandra Fernández, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), explica a EFE Salud que esta situación se arraiga en una concepción tradicional que, desde tiempos ancestrales, vincula a las mujeres con el rol de cuidadoras, principalmente por su capacidad biológica para gestar y amamantar. Esta expectativa no se limita únicamente a los hijos, sino que se extiende a todo el entorno familiar y social. Fernández enfatiza que existe una presión social considerable sobre las madres para que sean completamente abnegadas y capaces de satisfacer todas las necesidades de quienes las rodean. Cuando las mujeres no cumplen con estos roles preestablecidos de la maternidad, se enfrentan a "sanciones sociales" que incluyen reproches, críticas, desprecio y chismes. La profesora subraya que los roles de cuidado atribuidos a la maternidad son "absolutamente inalcanzables", ya que "nadie puede ser perfecto las 24 horas del día", lo que genera una preocupación constante y una enorme energía mental dedicada a estas tareas, traduciéndose en una sobrecarga. "No existe un gen para hacer listas de la compra", ironiza Fernández, resaltando que este rol se perpetúa desde la niñez, cuando a las niñas se les inculca la tarea de cuidar.
La psicóloga Vanessa Fernández, del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, ahonda en que la carga mental se refiere al esfuerzo cognitivo excesivo que experimentan las mujeres debido a una serie de tareas "invisibles" que, sumadas a sus responsabilidades cotidianas, exigen un esfuerzo adicional considerable. Al convertirse en madres, esta sobrecarga emocional y cognitiva, junto con la necesidad de planificación y las tareas domésticas invisibles, se intensifican con las demandas de los hijos. La psicóloga destaca que es muy común que las madres prioricen las necesidades de sus hijos por encima de las suyas, lo que incrementa aún más la carga mental y emocional, ya que sienten que cada acción u omisión puede afectar a las personas que más aman. Muchas de estas madres sufren el "burnout" o síndrome de estar quemado, una condición similar a la que se experimenta en el ámbito laboral, pero sin la posibilidad de vacaciones.
Las consecuencias para la salud mental de esta sobrecarga se dividen en cognitivas y emocionales. A nivel cognitivo, la carga mental puede provocar dificultades en la atención sostenida, problemas para consolidar información y fallos de memoria, afectando también la planificación diaria y la toma de decisiones. Emocionalmente, puede llevar a estrés crónico y problemas psicofisiológicos como alopecia, afecciones dermatológicas, trastornos digestivos, hipertensión, cefaleas e insomnio. La psicóloga añade que pueden surgir problemas de ánimo, ya que las altas expectativas generan frustración, lo que frecuentemente conduce a la depresión. La irritabilidad y los problemas de pareja también son consecuencias comunes.
Un sentimiento predominante en las madres es la culpa. Según Vanessa Fernández, las mujeres se sienten culpables por todo lo que les sucede a sus hijos, incluso desde el embarazo. Esta culpa se manifiesta por no lograr un embarazo, por abortos, por el rendimiento escolar de los hijos o por sus relaciones sociales. La psicóloga afirma que si las mujeres no sintieran la responsabilidad de todo lo que ocurre a sus hijos y familia, la culpa disminuiría significativamente. Ella enfatiza que la madre perfecta no es aquella que se olvida de sí misma o que intenta controlarlo todo, sino aquella que también practica el autocuidado. Para cuidar a los hijos, es fundamental cuidarse a una misma.
El primer paso para aliviar esta carga es una sociedad que no "castigue" a la mujer por no estar omnipresente en todas las tareas de sus hijos. La psicóloga critica situaciones como escuchar en la escuela: "Dile a mamá que no se te olvide la merienda" o "se me ha olvidado el cuaderno porque mamá no me lo recordó". Es crucial que la sociedad no sobrecargue a las mujeres. También es vital educar a las niñas para que sean felices, tanto si deciden ser madres como si no. El consejo de la experta para una madre con sobrecarga mental es que se detenga a reflexionar sobre sus propias necesidades y, una vez satisfechas, considere lo que puede ofrecer a los demás. Esto no disminuye la responsabilidad, sino que la ayuda a ser más efectiva con su familia. No se trata de que las ayuden, sino de que cada miembro de la familia asuma su parte. Finalmente, la experta destaca la importancia de que las madres tengan tiempo para sí mismas, para el descanso, la desconexión, la actividad física y el ocio. El mejor obsequio para el Día de la Madre es el cariño de sus hijos, junto con el reconocimiento y la oportunidad de tener tiempo personal, mereciendo un "gracias por todo, mamá".