La Dra. Olalla Otero, una destacada especialista en probióticos, ha ofrecido una perspectiva detallada sobre estos microorganismos beneficiosos, desmintiendo mitos y subrayando la importancia de un uso informado. Enfatiza que, si bien algunas cepas pueden contribuir a la modulación del estrés, la ansiedad y el estado de ánimo, el bienestar emocional es multifactorial y no depende exclusivamente de los probióticos. Además, recalca que no son soluciones milagrosas y que su eficacia está sujeta a la correcta elección de la cepa, la dosis y la forma de administración, advirtiendo contra la automedicación y promoviendo la consulta con profesionales de la salud para un uso adecuado.
La Dra. Olalla Otero, reconocida experta en probióticos, esclarece la verdadera naturaleza de estos microorganismos, disipando la idea de que son soluciones universales o milagrosas para la salud. La especialista recalca que un probiótico no es simplemente cualquier microorganismo beneficioso, sino que debe cumplir con criterios estrictos: ser microorganismos vivos, mayormente bacterias o levaduras, que, al ser administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio específico para la salud. La correcta identificación de la cepa, especie y género, junto con estudios que validen su eficacia y dosis para condiciones de salud concretas, son fundamentales. Asimismo, destaca que la forma de encapsulación es crucial para que los probióticos sobrevivan el paso por el ácido estomacal y lleguen intactos a su destino, garantizando así su acción terapéutica. La dosis, expresada en Unidades Formadoras de Colonias (UFC), también es un factor importante, aunque la Dra. Otero advierte que una mayor cantidad no siempre se traduce en mejores resultados.
Además, la Dra. Otero aborda la creencia errónea de que una mayor diversidad de microorganismos es siempre preferible, explicando que, en ocasiones, diferentes cepas pueden competir entre sí, disminuyendo su efectividad. Por lo tanto, la selección meticulosa de unas pocas especies probióticas con un impacto significativo en la microbiota es más beneficiosa. La experta subraya que los probióticos no siempre actúan colonizando el intestino de forma permanente, sino que muchos de sus efectos pueden ser transitorios. Su mecanismo de acción es diverso, incluyendo la competencia con microorganismos dañinos, la producción de sustancias antimicrobianas, el fortalecimiento de la barrera intestinal y la modulación del sistema inmunitario. En el contexto de afecciones intestinales específicas como el SIBO o el síndrome del intestino irritable, la Dra. Otero enfatiza que el tratamiento no se limita a la simple adición de probióticos, y que su efectividad varía entre individuos, pudiendo incluso empeorar algunos síntomas si no se eligen adecuadamente. Por ello, la orientación profesional es indispensable para evitar un uso ineficaz o contraproducente.
La conexión entre el intestino y el cerebro, conocida como el eje intestino-cerebro, ha generado un gran interés en el potencial de los probióticos para influir en el estado de ánimo y la función cognitiva. La Dra. Olalla Otero matiza esta percepción, indicando que, si bien algunas cepas probióticas han mostrado la capacidad de modular el estrés, la ansiedad y el estado de ánimo, no deben considerarse como "probióticos para la felicidad" o sustitutos de antidepresivos. El bienestar emocional es el resultado de una compleja interacción de factores que incluyen las relaciones sociales, el propósito vital, la calidad del sueño y la salud física. En este contexto, los probióticos pueden jugar un papel de apoyo, pero no son la solución principal. La experta también menciona estudios que sugieren mejoras en la memoria y la función cognitiva, especialmente en personas mayores o con deterioro cognitivo, aunque estos efectos son específicos de ciertas cepas y dependen en gran medida del contexto individual.
La Dra. Otero también aborda la importancia de los probióticos durante y después del tratamiento con antibióticos. Contrario a la creencia popular de esperar a que los antibióticos eliminen la microbiota, ella recomienda el uso de probióticos desde el inicio del tratamiento. Los antibióticos alteran significativamente la microbiota intestinal, reduciendo su diversidad y favoreciendo el crecimiento de patógenos, lo que puede conducir a diarreas y otros efectos secundarios. Cepas como Saccharomyces boulardii y Lacticaseibacillus rhamnosus GG han demostrado ser particularmente efectivas en la prevención y reducción de la diarrea asociada a antibióticos. La duración del tratamiento con probióticos varía según la condición; mientras que en diarreas agudas o durante el uso de antibióticos pueden ser unos pocos días, en otros casos pueden extenderse por semanas o meses. En todos los escenarios, la supervisión de un profesional de la salud es fundamental para determinar la cepa adecuada, la dosis y la duración del tratamiento, asegurando así la eficacia y evitando el desperdicio de recursos o posibles efectos adversos derivados de la automedicación. Los probióticos son una valiosa herramienta para la salud, pero su uso debe ser estratégico y personalizado.