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La velocidad al caminar en la edad adulta: un indicador de la salud cerebral y el envejecimiento

04/20 2026

En el fascinante campo de la fisiología del ejercicio y la nutrición, recientes investigaciones han puesto de manifiesto una sorprendente conexión entre la velocidad a la que una persona camina en la mediana edad y su salud cerebral, así como el ritmo de envejecimiento. Lejos de ser un simple acto mecánico, la marcha se revela como un indicador complejo que refleja procesos biológicos profundos. Este descubrimiento sugiere que la forma en que nos desplazamos podría ofrecer pistas valiosas sobre nuestra condición física y cognitiva general, incluso desde etapas tempranas de la vida. La relevancia de este hallazgo radica en su potencial para la prevención y el monitoreo de la salud a largo plazo, invitándonos a reconsiderar la importancia de una actividad tan cotidiana como caminar.

El especialista Ismael Galancho, dietista-nutricionista y experto en la materia, ha compartido insights basados en un estudio científico que resalta cómo la velocidad de la marcha en personas de mediana edad (aproximadamente 45 años) está intrínsecamente ligada al envejecimiento. Según Galancho, este estudio, publicado en 'JAMA Network Open' en 2019, confirma que aquellos individuos que caminan a un ritmo más rápido tienden a poseer un coeficiente intelectual superior y un volumen cerebral mayor en comparación con quienes lo hacen más lentamente. Estos resultados provienen del prestigioso Dunedin Study, una cohorte longitudinal en Nueva Zelanda que ha seguido a más de 900 adultos nacidos entre 1972 y 1973 hasta los 45 años, analizando diversas variables de salud a lo largo de sus vidas.

El estudio profundizó en la relación entre la velocidad al caminar y el envejecimiento biológico y cerebral. Para ello, se evaluó la marcha bajo tres condiciones distintas: normal, mientras se realizaba una tarea mental simultáneamente, y a máxima velocidad. Los hallazgos revelaron que una marcha más lenta a los 45 años se correlacionaba con una peor salud física, signos acelerados de envejecimiento, un menor volumen cerebral y un deterioro cognitivo más pronunciado. Curiosamente, estos individuos ya mostraban un rendimiento neurocognitivo inferior desde la infancia, lo que sugiere que la velocidad de la marcha podría ser un simple pero poderoso indicador del estado general de envejecimiento del cuerpo y el cerebro a lo largo de toda la existencia. Esta investigación amplía la visión tradicional de la velocidad de la marcha, que usualmente se considera un parámetro geriátrico, demostrando su utilidad en la evaluación del desarrollo neurocognitivo en diferentes etapas de la vida.

Es crucial entender que esta correlación no implica que caminar rápido sea la causa directa de una mayor inteligencia o un cerebro más grande, sino más bien un reflejo de una trayectoria de salud construida a lo largo de los años. Factores como la actividad física constante, la calidad del sueño, la salud cardiovascular óptima, la gestión del estrés y la estimulación cognitiva juegan un papel fundamental en el mantenimiento de la salud cerebral. Por tanto, en lugar de centrarse únicamente en la velocidad al caminar, el mensaje principal es la importancia de adoptar un estilo de vida activo y saludable que fomente el bienestar tanto físico como mental. Mantener una rutina de movimiento diario, practicar entrenamiento de fuerza, asegurar un descanso adecuado y reducir el sedentarismo no solo beneficia a los músculos y las articulaciones, sino que también contribuye significativamente a la salud cerebral. En definitiva, la forma en que nos movemos diariamente es una manifestación del complejo proceso de cómo envejecemos internamente, y prestar atención a estas señales silenciosas puede ser clave para nuestro bienestar general.