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Manejo de la Obesidad Infantil: Un Enfoque Familiar y Respetuoso

05/11 2026

La obesidad en la infancia representa un desafío que trasciende la consulta médica, demandando un compromiso activo por parte de toda la unidad familiar. Es crucial abordar esta condición de manera que no se margine al menor ni se siembren las semillas de futuros desórdenes alimenticios. La clave reside en no focalizarse exclusivamente en el peso, sino en promover una transformación integral de los hábitos de todos los integrantes del hogar, desterrando términos como 'gordito' o 'gordita' que pueden ser perjudiciales.

Especialistas de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO) y la Asociación Española de Pediatría (AEP) han compartido sus perspectivas sobre cómo gestionar la obesidad pediátrica dentro del entorno familiar. Destacan la importancia de las primeras etapas de vida, ya que en ellas se forjan la interacción del niño con la alimentación y su percepción corporal.

Julio Álvarez, del Comité de Promoción de la Salud de la AEP, señala que los avances en el entendimiento de la fisiopatología de la obesidad han revelado una significativa predisposición genética, que puede influir hasta en un 60% en el riesgo de padecerla. Además, subraya que la obesidad es una afección de origen multifactorial, que no puede ser tratada únicamente desde la alimentación. El enfoque simplista de "calorías que entran versus calorías que salen" debe ser superado, ya que, si fuera tan sencillo, su curación no sería tan compleja. Esta condición también puede desencadenar ansiedad, depresión y alteraciones en la conducta alimentaria, ya que los niños afectados pueden ser blanco de acoso escolar.

Históricamente, la obesidad infantil no siempre ha sido abordada de la forma más adecuada en las consultas. Álvarez admite que, hace años, los profesionales solían dirigirse a los padres con frases como “su hijo está rellenito” o “debe comer menos y moverse más”, incluso cuando la visita se debía a otras causas, como un resfriado. Esta actitud, que señalaba a padres e hijos como responsables desde el principio, es inaceptable, dada la complejidad y multifactorialidad del sobrepeso y la obesidad. Actualmente, en las consultas, se debe consultar primero a la familia si desea dialogar sobre el exceso de peso del menor. Es fundamental mantener una actitud de profundo respeto, ya que, como enfatiza el pediatra y jefe de servicio de Pediatría del Consorcio Hospital General Universitario de Valencia, la forma en que se abordaba antes la obesidad ha contribuido a la estigmatización de niños y adolescentes. Por ello, es imperativo pesar, medir y, tras calcular el índice de masa corporal, acercarse a la situación con respeto, sin recriminaciones, escuchando e identificando las necesidades.

Cristina Porca, nutricionista y miembro de la SEEDO, comparte esta visión, insistiendo en que los profesionales deben adoptar un enfoque holístico, implicando a toda la familia en el cambio de hábitos y, crucialmente, evitando la prohibición de alimentos. Explica que la prohibición no es el camino, sino la limitación, pues es fundamental entender el porqué de esta medida. La restricción de alimentos superfluos es clave, pero sin llegar a la prohibición total. Tampoco se deben prohibir alimentos que el resto de la familia consume. El pediatra coincide, afirmando que sin un cambio de hábitos en toda la familia, no se lograrán resultados duraderos. Además, si hay hermanos, es un error hacer comidas distintas para el que padece obesidad y para el que no, ya que esto podría llevar a la estigmatización. El hogar debe estar provisto de alimentos nutritivos que aporten todos los elementos necesarios para el crecimiento infantil. Una vez establecida una base sólida, el consumo ocasional de un helado o un dulce no representa un problema.

Es crucial evitar mensajes como 'hay que compensar si comes esto', ya que, aunque bien intencionados, pueden generar una relación disfuncional con la comida en el futuro, especialmente en niños con obesidad. El pediatra de la AEP concuerda con la nutricionista en que las 'dietas' son un mal punto de partida. En su lugar, se debe hablar de ajustes en la alimentación de toda la familia, quienes a menudo carecen de información adecuada. Cita el ejemplo de familias que consumen zumo de naranja a diario, creyendo que aportan vitamina C, cuando en realidad es principalmente agua con azúcar. Respecto a las porciones, el pediatra sugiere adaptarlas a la edad, nivel de actividad física del niño, y permitir repeticiones de alimentos saludables. Es fundamental distinguir entre hambre real y el deseo de comer. La nutricionista Porca enfatiza el respeto por las señales de hambre y saciedad, promoviendo una educación nutricional y alimentaria que involucre a todos los miembros de la familia, siempre desde el respeto a la conducta alimentaria y los hábitos que deben perdurar.

Finalmente, cuanto menos se hable del peso, mejor. La situación debe enfocarse desde una perspectiva integral de salud, orientada a la modificación de los hábitos de toda la familia. Es esencial que el menor perciba estos cambios como algo natural y arraigado en el seno familiar, no como una imposición debido a un problema. Evitar términos como “rellenito” o “gordita” es crucial, ya que la ciencia ha demostrado su impacto negativo. Se debe recordar que una persona con obesidad no es "una obesa", sino "una persona con un problema de salud llamado obesidad". Ambos expertos reiteran que la alimentación no es un factor aislado, sino que forma parte de un conjunto que incluye la promoción de la actividad física, involucrando a toda la familia, y el mantenimiento de una adecuada higiene del sueño. Asimismo, es vital limitar el uso de pantallas, ya que comer frente a ellas afecta negativamente la calidad de la alimentación y su uso excesivo contribuye a trastornos emocionales como la ansiedad y la depresión.