A partir de los 40 años, el cuerpo femenino experimenta transformaciones fisiológicas importantes. En esta etapa, el ejercicio trasciende lo estético para convertirse en una herramienta vital de supervivencia metabólica, según Javier Butragueño. El especialista enfatiza que no se debe ver el entrenamiento como una obligación cultural que genera estrés, sino como un acto esencial de autocuidado. La constancia es fundamental, especialmente con la pérdida de estrógenos durante la perimenopausia y la menopausia, que afecta la fuerza muscular y, sin ejercicio, puede llevar a una mayor acumulación de grasa, inflamación y fatiga. Mantener una rutina de actividad física regular ayuda a regular la inflamación sistémica y a mejorar la salud general.
El miércoles 20 de mayo de 2026, el Dr. Javier Butragueño, reconocido en Ciencias de la Actividad Física y coautor de la obra "Mujeres de hierro", ofreció una esclarecedora perspectiva sobre la relevancia del ejercicio en la vida de las mujeres, especialmente a partir de los 40 años. Subrayó cómo la inactividad física en esta etapa puede ser un indicador de un sistema metabólico menos eficiente en la quema de grasas. "Si con 40 años no puedes correr durante 10 minutos, tu sistema no es capaz de quemar grasas correctamente", afirmó el experto, destacando la necesidad de preparar el cuerpo para optimizar su capacidad de utilizar la grasa como combustible.
Butragueño, quien colabora con la farmacéutica y nutricionista Boticaria García, enfatizó que la actividad física debería ser una herramienta de supervivencia metabólica, no una obligación estética. Lamentó que aproximadamente el 60% de las mujeres mayores de 40 años no realizan ninguna actividad física. Para combatir el sedentarismo, el doctor promueve el método "CaCos" (caminar y correr), una estrategia adaptable para quienes retoman el ejercicio, permitiendo alternar caminatas rápidas con períodos de caminata lenta, y progresar gradualmente.
El especialista hizo hincapié en la importancia de la constancia para "cronificar el ejercicio", ya que la regularidad en la actividad física actúa como un antiinflamatorio natural, regulando los sistemas corporales y mejorando la oxigenación. Butragueño advirtió sobre la tendencia de muchas personas a abandonar el ejercicio tras unos meses, perdiendo así los beneficios obtenidos. Propone que el entrenamiento sea progresivo y adaptado a las capacidades individuales, sugiriendo dos días de fuerza a la semana y caminatas parasimpáticas para reducir el estrés, construyendo una relación positiva con el movimiento que trascienda la obligación.
La perspectiva de Javier Butragueño nos invita a reflexionar profundamente sobre cómo percibimos y practicamos el ejercicio, especialmente a medida que envejecemos. Su énfasis en que el ejercicio es una "herramienta de supervivencia metabólica" en lugar de una mera búsqueda estética, recalca un cambio fundamental en la mentalidad que es crucial para la salud a largo plazo. Es un recordatorio poderoso de que nuestro cuerpo, con el tiempo, requiere un mantenimiento diferente y más consciente. La idea de que el entrenamiento debe ser un acto de autocuidado, y no una presión más, resuena profundamente en una sociedad donde las expectativas externas a menudo eclipsan las necesidades internas. Su propuesta de "cronificar el ejercicio" y comenzar con métodos accesibles como el "CaCos" es un llamado a la acción para muchas mujeres que, por diversas razones, han dejado de lado la actividad física. Nos desafía a escuchar a nuestro cuerpo, a construir una relación sostenible con el movimiento y a reconocer el ejercicio como una inversión invaluable en nuestra calidad de vida futura.