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La ilusión de la felicidad: Desvelando los engaños de la mente según Laurie Santos y Cristina Acebedo

05/19 2026

La profesora de Yale, Laurie Santos, y la psicóloga Cristina Acebedo, desmitifican la felicidad, enfatizando que no se encuentra en grandes éxitos, sino en prácticas cotidianas y el aprecio por el momento presente. Ambas expertas advierten sobre los engaños de la mente y la influencia de las redes sociales, que distorsionan la búsqueda de bienestar, promoviendo una cultura de metas constantes que, paradójicamente, nos alejan de la plenitud. Sugieren que la clave está en comprender cómo funciona nuestra psique y redefinir lo que realmente nos aporta satisfacción, priorizando la coherencia vital y la seguridad emocional sobre el placer efímero.

La sociedad actual, impulsada por una búsqueda incesante de logros y la comparación constante en plataformas digitales, a menudo nos empuja a una insatisfacción funcional. En lugar de buscar recompensas instantáneas y una felicidad superficial, es crucial cultivar hábitos que nutran un bienestar auténtico y duradero. Esto implica cuestionar las expectativas externas, fomentar vínculos significativos y abrazar el vacío que puede surgir al alcanzar metas, para así reorientar nuestra atención hacia lo que verdaderamente importa en el viaje de la vida.

La ilusión de la búsqueda constante

La sociedad moderna, inmersa en una cultura orientada a la consecución de objetivos, nos lleva a creer erróneamente que la felicidad es un destino alcanzable al lograr el siguiente hito, ya sea un ascenso profesional, una nueva relación o una mejora estética. Esta creencia, arraigada en la anticipación y el deseo, activa la dopamina en el cerebro, generando una sensación constante de movimiento y, a menudo, más disfrute en la persecución que en la posesión. Sin embargo, esta dinámica puede convertirse en una trampa, llevando a una insatisfacción funcional donde, a pesar de alcanzar metas, la plenitud emocional sigue siendo esquiva, pues el cerebro rápidamente genera un nuevo "siguiente" objetivo, dejando a muchos en una búsqueda perpetua sin descanso.

La psicóloga Cristina Acebedo, junto a Laurie Santos, resalta cómo esta mentalidad nos aleja de la "felicidad cotidiana", que reside en hábitos sencillos, vínculos genuinos y la capacidad de vivir el presente. La constante búsqueda de "lo siguiente" nos impide habitar el ahora, perdiendo la oportunidad de encontrar satisfacción en lo que ya tenemos. El problema surge cuando convertimos esta persecución en un estilo de vida permanente, donde la consecución de un objetivo solo da paso a uno nuevo, impidiendo que experimentemos la verdadera plenitud. Es crucial comprender que la felicidad no es un punto de llegada, sino un proceso de construcción continua a través de la valoración de nuestro día a día y la conexión con nuestras necesidades emocionales auténticas, más allá de las expectativas externas.

Redefiniendo el bienestar en la era digital

La confusión entre placer inmediato y bienestar auténtico es una constante en la sociedad actual, exacerbada por la influencia de las redes sociales. Experimentar satisfacción efímera al comprar algo, recibir un reconocimiento o disfrutar de una comida placentera, es algo común. No obstante, este tipo de placeres suelen ser fugaces y nos desvían de la verdadera felicidad psicológica, que se asocia más con la coherencia vital, la sensación de calma, el establecimiento de vínculos seguros y la existencia de un propósito. Las plataformas digitales, al presentar fragmentos idealizados de la realidad, fomentan la comparación constante y la búsqueda de validación externa, creando un "falso indicador de bienestar" que es frágil y superficial.

La psicóloga Cristina Acebedo subraya que la "felicidad real" es más silenciosa, cotidiana y menos espectacular de lo que se proyecta en las pantallas. La adaptación hedónica, un fenómeno psicológico, explica por qué lo extraordinario deja de serlo con el tiempo, llevando a una sensación de vacío incluso después de alcanzar objetivos significativos. A menudo, perseguimos metas más por expectativas externas y el "debería" social que por necesidades emocionales genuinas. Para cultivar un bienestar duradero, es fundamental preguntarse "cómo queremos vivir" en lugar de obsesionarse con lo que nos falta, priorizando hábitos como el buen descanso, la reflexión, las conversaciones profundas y la atención plena a lo cotidiano, desprendiéndonos de la búsqueda constante de más y reconectando con nuestro verdadero y