Salud de los Ancianos>

La Solidaridad Intergeneracional: Un Compromiso Social Vital para Sociedades Longevadas

05/12 2026

La Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA) resalta la importancia de la solidaridad entre generaciones, considerándola un acuerdo social fundamentado en la responsabilidad compartida. Este enfoque es crucial para mantener la cohesión social y la viabilidad de los sistemas de seguridad social. Según José Luis Fernández Santillana, presidente de CEOMA, prolongar la vida no es un inconveniente, sino una fortaleza que contribuye a la estabilidad y unidad de la sociedad. La educación en valores de apoyo mutuo y compromiso compartido es esencial para prevenir conflictos y asegurar la legitimidad de las estructuras de bienestar social.

Desde la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA), se subraya que la solidaridad intergeneracional debe ser vista como un acuerdo social fundamentado en la responsabilidad compartida entre las distintas franjas de edad. José Luis Fernández Santillana, presidente de CEOMA, ha expresado claramente que este tipo de solidaridad no debe ser percibida como una obligación impuesta a ciertas generaciones en beneficio de otras, sino como un compromiso colectivo y recíproco. Este planteamiento es fundamental para el desarrollo y la armonía de una sociedad en constante evolución demográfica.

En este marco, la formación en principios como la colaboración, el cuidado mutuo y la responsabilidad colectiva es de vital importancia. Estos valores son esenciales para prevenir divisiones sociales y para garantizar la perdurabilidad de los sistemas de protección social. Fernández Santillana enfatiza que una mayor longevidad de la población no es un problema, sino una ventaja que fortalece la cohesión social. Esta perspectiva busca cambiar la narrativa sobre el envejecimiento, presentándolo como un factor positivo para la estabilidad comunitaria.

La interacción entre diferentes generaciones favorece un intercambio enriquecedor de conocimientos y habilidades. Los individuos más jóvenes, por ejemplo, suelen tener una mayor facilidad para adaptarse a las nuevas tecnologías digitales y a los cambios, así como a las modernas formas de comunicación. En contraste, las personas de mayor edad aportan una vasta experiencia, sabiduría, una perspectiva estratégica y destrezas interpersonales que se perfeccionan a lo largo de los años. Esta complementariedad generacional impulsa el crecimiento y la innovación dentro de la sociedad.

Para que esta convivencia resulte fructífera, es indispensable erradicar el edadismo en todas sus manifestaciones. Tanto los estereotipos que relacionan la vejez con la obsolescencia o la resistencia al progreso, como aquellos que subestiman la contribución de las generaciones más jóvenes, socavan la cooperación y generan fricciones innecesarias. Superar estos prejuicios es crucial para construir una sociedad más inclusiva y equitativa, donde todas las edades sean valoradas por sus aportaciones únicas.

La sostenibilidad de las comunidades con una población envejecida depende, en última instancia, de la solidaridad entre generaciones, según CEOMA. Este principio, que ha sido el pilar del Estado del bienestar, reconoce que todos los individuos, en las diversas etapas de su vida, son tanto contribuyentes como beneficiarios del sistema social. Por lo tanto, es necesario reflexionar éticamente sobre el valor del trabajo, el cuidado y la coexistencia entre edades. El verdadero desafío no radica solo en vivir más, sino en edificar sociedades donde sea posible vivir y colaborar mejor de forma conjunta, en cada fase de la existencia.